Las Plantas de los Orishas. ¿ Medicina o Esoterismo?
Curso organizado por LABORATORIO APSARA VITAL. Información e inscripciones: 934 683 218 (Enrique Sanz).
PROGRAMA
Parte I. Marco teórico
- 1) Una introducción necesaria
- 2) Objetivos
- 3) Desagravio
- 4) Plantas medicinales cubanas
- a) INDEX
- b) Formas farmacéuticas c) Efectos curativos
- 5) La Regla de Ocha
- a) Los Orishas en Cuba
- b) Principales Orishas adorados en Cuba
- § Significado semántico
- § Origen
- § Características
- § Plantas
- § Sincretismo
Duración : 16 horas
Parte II. Marco teórico- practico
- 1) Las plantas de los Orishas.
- 2) Cuadro sinóptico:
- a) Consagración
- b) Efectos curativos
- c) Acción mágica
- 3) Practica: Testimonios gráficos
- 4) ¿ Medicina o Esoterismo?
- 5) Conclusiones
- 6) BIBLIOGRAFIA
Entrega de folletos: Los Orishas en Cuba
El monte Egue. Hierbas. Una compilación de los usos más comunes.
Sus secretos y utilidades
Duración 16 horas.
Actividad final: Encuentro de conocimientos
Entrega de certificados
Profesora. Lazara L Orduña González. Dra. en Medicina. Reikista. Terapeuta floral.
1. Una introduccion necesaria
Soy doctora en Medicina, profesión que estudié y ejercí durante 30 años en mi Cuba natal (dónde aún vivo) y por corto tiempo, en países tan disímiles del mío y entre sí, como la Federación Rusa y Yemen del Sur.
Durante gran parte de mis años de trabajo, creí ciegamente en la ciencia occidental que estudié en los grandes tratados clásicos de Medicina Interna, Cirugía, Pediatría, Ginecología y Obstetricia y de muchas otras especialidades médicas de la Escuela Cubana, seguidora de las grandes Escuelas Norteamericana y Francesa.
En Rusia, hace mas de 25 años, siendo ya especialista en Salud Ocupacional, y visitando los servicios médicos de una gran fábrica de acero, en aquel entonces la mayor de ese país, me asombré al ver usar sanguijuelas y ventosas para tratar una afección pulmonar aguda.
En el país árabe, donde permanecí durante 2 años trabajando como Profesora de las asignaturas de Higiene y Epidemiología en la Universidad de Adén, conocí de la proverbial sabiduría del célebre Ibn-Seena (1) ( Avicena, para nosotros), de su fe ciega en el Islam, de sus tradiciones milenarias, de la singular inteligencia de sus habitantes, de lo intrincado de su personalidad, y de la contradictoria y sumamente elevada mortalidad por enfermedades transmisibles, que, hacía muchos años, no existían en mi pequeño país.
Aún así me mantuve aferrada a las estrictas leyes de la Mecánica newtoniana, y, por ende, seguí concibiendo al hombre como una “biomáquina”, perfecta – claro está - pero máquina en fin.
Hace 10 años, y aún ejerciendo mi especialidad, llegó a mis manos (¿ por pura casualidad? ) a través de una amiga española, que recibía el tratamiento en cuestión, un libro de terapia floral (2) .
Fue la puerta por la que penetré en el estudio de la Medicina Vibracional y me enteré con sorpresa de la existencia de seres tan excepcionales y tan lejanos entre sí en cultura y orígenes, como Hahnemann (3) Bach (4) y el maestro Usui (5) Estos sabios pusieron a disposición de la humanidad métodos curativos tan eficaces como inocuos.
Supe que estos hombres tuvieron en común la intuición, la perseverancia, la fe, la creencia en el poder de la bondad humana y la gran fortaleza de sus espíritus. Y me asombró, más aún, la creencia en nuestro siglo, en la reencarnación; seres de luz; espíritus rectores; ángeles guardianes, capaces de guiar a renombrados científicos en la difícil tarea de la “sanación” humana.
Conocer la existencia de la Medicina Vibracional ó Energética, me hizo entrar de lleno, sin saber nada de los subterfugios de la física cuántica, en la “Era de Einstein” (6), comprendí de golpe que el inmenso Universo y el hombre no eran más que lo mismo; que cada uno de nosotros es un microcosmos, formados por los mismos componentes, regidos por las mismas leyes y movidos por igual energía infinita, que la enormidad que creemos solamente fuera.
Entonces entendi que la vida y la muerte no son más que diferencias filosóficas, relatividades, extremos de una misma cuerda, y supe que a través de todos los tiempos ha habido hombres que de alguna manera han llegado a esta misma conclusión y han tratado de demostrarlo con los recursos de que han dispuesto en su momento histórico.
Llegado a este punto, decidí profundizar en mis orígenes, y me hallé enfrentada a una mitología africana, relegada, despreciada, tildada de ingenua e inculta - ¡ y el primer hombre surgió en África, hace más de 2 millones de años! – (7), que también tuvo entre sus iniciadores y creyentes curanderos, “médicos sagrados”, chamanes, sacerdotes, ó, como quiera que prefiera llamárseles, que tuvieron su propia forma de explicarse la voluptuosa naturaleza que les rodeaba, creando sus dioses ( Orishas ), sin afectaciones ni hipócritas remilgos, a su real “imagen y semejanza”.
Y sus mitos nacieron con la pujanza, la fuerza, el colorido y la luz, de la belleza violenta e insuperable que les nacía cada día.
De la enorme variedad de la vegetación tropical, aprendieron - por ensayo y error- a discernir su uso como comestibles, venenosas y curativas; milagro de sabiduría en que también fueron guiados por Orishas, “seres de luz”, que emanaban la poderosa energía positiva que les transmitian..
Asombrada de las similitudes, estoy aún inmersa en estos estudios (¿folklóricos, humanistas, filosóficos?) y he llegado a la firme convicción, cuando ya he cumplido 60 años, que el hombre solo podrá curarse a sí mismo, cuando deje a su cuerpo conocer a su espíritu, cuando le permita a sus “seres de luz” que le muestren el camino verdadero para entrar en armonía con la naturaleza, de la cual, quiéralo ó no, forma parte única e indisoluble.
Notas.
1. Ibn-Seena ó Avicena (980-1037), célebre filósofo y médico árabe, autor de unos luminosos “Comentarios a la Obra de Aristóteles” del “Canon de la Medicina “ y diferentes trabajos enciclopédicos
2. Se trata del libro “Esencias florales Atlántida ”, de María Pino González, editado por Océano, Barcelona, 2000. La autora, para mí sencillamente mi amiga Pino, estuvo posteriormente en Cuba e instruyó a un grupo de interesados en la preparación y el uso de sus esencias.
3. Samuel Hahnemann ( 1755-1843), Doctor en Medicina, nacido en Meissen, Alemania, producto de sus estudios concluye la ley de la similitud, “la semejanza se cura con lo semejante”, creando el método homeopático u homepatía. Hahnemann considera al hombre como una unidad integrada por un cuerpo, un espíritu y una conciencia, la cual puede considerarse sana cuando todas sus sensaciones y reacciones mantienen un equilibrio armónico y controlado por procesos energéticos, a los que llamó vitalidad.
4. Edward Bach (1886-1936), Médico, bacteriólogo, homeópata e investigador, nacido en Gales, Inglaterra, encontró en los remedios florales una forma de terapia de gran eficacia, se considera el fundador de la terapia floral, a sus 38 esencias florales se les llama “Flores de Bach”. Edward Bach definía a la enfermedad como un desequilibrio emocional que se produce en el campo energético del ser vivo, si éste desequilibrio continúa por cierto tiempo sin tratamiento, se produce la enfermedad en el campo físico. La terapia floral de Bach es un sistema terapéutico vibracional inocuo, reconocido por la OMS en 1976, natural y compatible con cualquier otro.
5. Mikao Usui, japonés, sacerdote cristiano, investigando como curaban Buda y Jesús, lo redescubrió en la antigua cultura sivaita, de la enseñanza esotérica de la India Usui se esfuerza en lograr este poder, meditando y ayunando durante 21 días en el monte sagrado Kuriyama. En la madrugada del día 21 momentos antes de salir el sol, fue alineado por un rayo de Luz que le hirió la frente (chacra del 3er. Ojo) perdiendo el conocimiento por unos instantes, y Con esto logro el redescubrimiento psíquico del método ancestral. A partir de ese momento se convirtió en sanador y Maestro de otros sanadores. Este gran hombre falleció en 1930, dejando formados en el “Reiki” a varios discípulos.
6. Albert Einstein (1879-1955), físico alemán, nacido en Ulm, naturalizado norteamericano en 1940. Formuló la teoría dela Relatividad, de suma trascendencia en la ciencia moderna. Su fórmula de la energía posibilitó la fusión del átomo, y la posterior creación de la bomba atómica, hecho éste que lamentó durante toda su vida. Dotado de elevados sentimientos, intervino constantemente en favor de la paz
7. ...“ la mayor cantidad de evidencia indica que el origen del hombre tuvo lugar en África del Este, en la región que actualmente comprende los países de Etiopía, Kenia y Tanzania, hace alrededor de 2,5 millones de años ”... Fernando Ramírez Roíz. “El dónde, cuando y cómo del Origen del Hombre”. Ediciones Colihue. Buenos Aires, Argentina.2004
2. objetivos
* Demostrar que las plantas asignadas como “pertenecientes” a los Orishas por la Regla de Ocha tienen un efecto medicinal antiguamente conocido, además de su contenido mágico.
* Conocer los efectos curativos de las principales plantas medicinales cubanas
* Adquirir conocimientos elementales acerca de la Regla de Ocha o Santería y de los principales Orishas adorados en Cuba.
* Comparar el uso medicinal de las “plantas de los Orishas” con el demostrado por los estudios de la Medicina Natural, además de conocer los efectos mágicos conferidos a las mismas.
3. DESAGRAVIO
Cuando, hace ya medio siglo, comencé mi enseñanza secundaria en las escuelas publicas de mi país, llamaron mi atención fundamentalmente tres asignaturas: La Literatura, la Biología y la Historia, en ese orden.
Yo viajaba, montada en el unicornio azul de la imaginación, al Partenón griego, al Coliseo romano, a las misteriosas pirámides de Egipto, a la India milenaria, caminaba por la inalcanzable Muralla China.
Veía maravillada, y a veces aterrorizada, las hazañas de los dioses y semidioses de las antiguas civilizaciones y comparaba los poderes de Zeus con los de Ra, la belleza de Isis con la de Venus, la sabiduría de Confucio con la de los patriarcas bíblicos, de los que también me habían enseñado al abrazar la fe católica durante los estudios necesarios para tomar la “primera comunión”.
Pude incluso, a temprana edad, cavilar filosóficamente, acerca de las similitudes entre Cristo y Buda. Pero nunca tuve elementos suficientes para pensar mucho en las magnificas civilizaciones que encontraron los conquistadores españoles a su llegada a América. Los pobladores de los grandes imperios, Maya, Inca y Azteca nos fueron presentados como tribus bárbaras, sedientas de sangre, que practicaban horribles sacrificios humanos y cuyas civilizaciones y religiones debían ser exterminadas a sangre y fuego en aras de convertirlos a la fe cristiana, la única humana y verdadera.
Mucho menos me brindaron en la escuela conocimiento alguno, que me permitiera sacar conclusiones propias acerca de la cultura y civilización de los pueblos y naciones africanos que habían sido traídos a la fuerza, como esclavos, cometiéndose uno de los crímenes más violentos, denigrantes y repugnantes que pesa sobre las espaldas de la humanidad, para enriquecer aun más las arcas de los terratenientes españoles y criollos que colonizaron esta América nuestra.





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